¿Me quedo o me voy de Venezuela?

He conversado con familiares, amigos, compañeros de trabajo, clientes , colegas e incluso hasta con el mismísimo Luis Vicente León el dilema de quedarme o irme del país y nunca he podido llegar a una conclusión que me permita tomar la decisión correcta. (Ni siquiera después de haber leído este artículo)

He notado que Luis Vicente León está hablando muy seguido y de manera muy acertada sobre este tema; su capacidad de procesar y organizar múltiples puntos de vista hace que este artículo sea de lectura obligatoria para los que compartimos la misma preocupación. Por esta razón comparto con ustedes un artículo de su autoría publicado hoy en el Diario el Universal.



“La irresponsabilidad no depende de quedarse o irse, sino de cómo quedas con tu decisión”

Luis Vicente León

Luis Vicente, ¿y no es irresponsable vivir aquí y hacerle esto a tu familia, sabiendo que no puedes protegerla?“, me preguntaron unos amigos extranjeros, luego de contarles una serie de eventos de inseguridad terribles que han pasado en mi entorno cercano este año (asesinatos y secuestros), mientras, sin saberlo, el edificio de al lado estaba siendo sometido por una operación comando que robó todos los apartamentos con la gente dentro.

Dado el impacto que la pregunta causó en mí, el pasado domingo decidí solicitar ayuda a los lectores, sin imaginar que originaría en ellos el mismo shock emocional que me motivó a escribir. Más de 400 correos y muchas llamadas y comentarios personales en la calle durante toda la semana me mostraron la sensibilidad de la población a este tema.

Les presentaré algunas frases contundentes de quienes consideran que quedarse es lo correcto y de quienes creen que sería irresponsable exponer a mi familia al clima de violencia e inseguridad que envuelve a nuestra sociedad.

Los primeros piensan que: “nadie puede culparte por vivir en tu país”; “prefiero la incertidumbre de la tierra en la que nací, a la certidumbre del desarraigo en el extranjero”; “si alguna vez alguien no hubiera decidido explorar zonas intrincadas afrontando todos los peligros de la naturaleza, no se habrían fundado nuevas ciudades, ni encontrado nuevas oportunidades, ni creado la civilización que hoy queremos que nos brinden “otros”; “el problema está aquí, los responsables están aquí (nosotros), las soluciones también están aquí, las posibilidades están en nuestras manos…”.

Por otro lado, los que creen que es mejor emigrar argumentan: “nada ni nadie vale más que la seguridad de tus hijos; ni tu trabajo, ni tus panas, ni el queso telita”; “seríamos irresponsables y egoístas si le negáramos a ellos la posibilidad de criarse y educarse en otro país con mejores perspectivas de desarrollo personal”; “el centro del asunto son nuestros hijos”. En consecuencia la pregunta es; ¿quedándome en el país les estoy permitiendo crecer libres, física y emocionalmente, les estoy dando la mejor educación para ellos? Es una pregunta difícil porque sólo tiene una respuesta: tengo que irme en el mejor momento de mi ego-vida y es precisamente ese ego el que realmente te frena a tomar la decisión racional para los tuyos.

Lo que queda claro, después de leer todas las opiniones, es que no existe una respuesta única, depende de cada quien y del balance que haga entre lo racional y lo emocional: ¿se puede criticar a quienes se resisten a abandonar su país para defenderlo? Y aun para quienes la decisión es estrictamente personal, ¿es que acaso podemos culparlos de no querer perder todo lo que han construido, aun cuando esto involucre su ego y sus miedos internos? Por otro lado, ¿es correcto reprochar a aquellos que, buscando garantizar la seguridad y tranquilidad de su familia, deciden hacer vida en un lugar decente que les ofrezca seguridad?

No. En realidad lo irresponsable sería:

1) vivir afuera, infeliz, pensando siempre en lo que perdiste sin luchar, o,

2) quedarte, pensando que estás loco por vivir en un chiquero, pero eres demasiado cobarde para tomar una decisión que representa un cambio dramático en tu vida.

Como verán, la irresponsabilidad no depende de quedarse o irse, sino de cómo quedas personalmente con tu decisión. Si te vas, vive tu nueva vida y no te dediques a buscar excusas para justificar tu exilio. Si te quedas, entonces asume tu barranco. Toma en tus manos la responsabilidad de provocar los cambios, desde tu propio nivel de impacto y protege a tu familia lo máximo posible, para continuar disfrutando aquello por lo que te quedaste sin convertirte en un exiliado en tu propio país. En definitiva, de eso se trata, de ser feliz sea donde sea.




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